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11 NOVIEMBRE

Qué pasaría si

Érase una vez, sin límites

Quiso saber la princesa qué pasaría si jugaba con fuego...tanto se lo pensó, que murió sin arriesgar.
Ya en la otra vida con fuego jugó y llena de amor, se abrasó.
También dicen las calles empedradas del lugar, que el alma de la princesa aún canta y ríe por los pasillos de palacio sin parar y que nunca en vida sintieron a la princesa con tanta felicidad.
 
La vida no es tan diferente a este cuento de hadas.
No vamos por la calle vestidos de príncipes y princesas, pero sí cargamos con el temor de quemarnos si flirteamos con los límites de las normas impuestas (o autoimpuestas).
 
Lees que las normas son necesarias para vivir en un civismo evolucionado que nos ayudará a ser una sociedad en crecimiento en un mundo desarrollado ( buff, que frase más densa).
 
 
Permíteme que insista:
 
¡LAS NORMAS SON ABURRIDAS!
 
 
Nos gusta vivir en los límites de lo que debemos o no debemos hacer.
 
Mis hijos tienen diez mil quinientas normas entre las del colegio, las de casa, las del parque de bolas, las del cine, los videojuegos, la tablet...hasta jugar a papás y a mamás tiene normas ¡por Dios! ¿Pero qué nos está pasando?
 
Reconoce que en los límites de lo prohibido disfrutas más, que te encanta abrocharte (desabrocharte) la camisa justo hasta ahí. 
Que piensas en ella aunque jamás vayas a tenerla entre tus brazos, que vuelves a la biblioteca cada día por verle, que bajas a tomar ese café que odias porque sabes que le encontrarás allí.
Cada vez tus faldas son más cortas porque también son más cortos tus complejos.
Sostienes las miradas que te buscan sin parpadear.
Juegas con tu pelo sabiendo perfectamente que te está (n) mirando.
Recortaste tu barba tal y como escuchaste que le gustaban las barbas ( esas de “malote” de cuatro días).
Te colabas en el pub de turno cuando todavía eras menor de edad y fumabas a escondidas en un patético acto de "no me van a pillar".
 
Esas veces en las que has rebasado una norma y pese a todo, no lo cambias por nada.
Esa adrenalina que sustituye los monótonos latidos de nuestro corazón.
Ese deseo que si pronunciaras en voz alta, te acusarían de perversión.
Ese "O U Y E AH!".
Ese "vivo sin vivir en mi".
Ese "me quemo fijo, pero necesito saber a qué sabe su boca".
Esa hoguera maravillosa en la que ardemos cuando deslizamos un pie al otro lado del arcén, pese a saber que podemos ser atropellados.
 
Vamos a dejar que las normas ordenen nuestra vida, pero regálale de vez en cuando un poco de aventura a tus rutinas.
 
Tal vez incumpliendo alguna norma conozcas al amor de tu vida, o descubras un escote precioso que lleva demasiado tiempo viviendo en un decoroso y aburrido jersey de cuello alto.
 
Quien sabe si detrás de ese disfraz de rana hay un príncipe escondido o tras ese príncipe anodino hay un lobo con ganas de decirte: “ para comerte mejor!”.
 
Y puestos a prohibir, aquí van unas propuestas que me encantaría que inundasen nuestra vida:
 
Prohibido NO vivir.
Prohibido NO arriesgar (Te).
Prohibido NO equivocarTe.
Prohibido NO amar (Te).
Prohibido NO sentir (Te).
 
No seas el alma de un príncipe o una princesa que encontró su felicidad en el más allá.
Vive Hoy.
Ama Hoy.
Siente Hoy.
 
 

¿me compartes?

Comentarios

Enviado por Soldadito Marinero http://soldaditomarinero.com/

buenos consejos, útiles para empezar el año, ya que los leo ahora :) Un saludo!

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