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30 SEPTIEMBRE

Vivo sin red

La vida no lleva manual de instrucciones.

Me fascinan los trapecistas.

 

El trapecista se balancea, encuentra el ritmo y la velocidad adecuada para finalmente saltar. Un salto arriesgado pero también apaciguado, controlado, seguro...y además con red.

 

¿Te imaginas poder vivir sabiendo que si te caes, una confortable y elástica red recogerá tu cuerpo intacto?

 

Vivo sin red.

 

Si hay charcos, suelo pisarlos.

Si abro una lata de atún, me salpico de aceite.

Si voy justa de tiempo, pillo el atasco.

Si decido navegar, no hay viento.

Si quiero dejarme llevar por las emociones, luego las emociones quieren apropiarse completamente de mi.

Si voy a apuntarme a clases de Pilates, no hay plazas.

Y si decido coger un atajo, me pierdo.

 

PERO

 

El día que me vi pisando charcos, mis hijos se morían de risa al verme, y gané una tarde que aún recuerdan.

Cuando me manché de aceite abriendo aquella lata de atún, alguien me ayudó a cambiarme de ropa ;-)

El día del atasco, cambié la planificación de la jornada y conseguí una cita profesional importante.

Cuando no pude navegar, disfruté de una tarde increíble de playa en buena compañía.

Cuando me dejo llevar por las emociones y ellas, de vuelta, se apropian de mi...es sencillamente maravilloso.

No me apunté a Pilates pero voy a descubrir el Jazz- contemporáneo.

Y cuando me pierdo buscando atajos, encuentro nuevos caminos.

 

La vida no lleva manual de instrucciones.

 

Eres tú quien le da sentido, quien decide por dónde "meterle mano" a cada día.

Serás tú quien decida si tienes vértigo al mirar hacia abajo y si quieres saltar (o no).

La vida no amortigua los golpes, pero tu capacidad de minimizar el dolor, sí dependerá de ti.

No es más valiente el que se lanza al vacío que el que evalúa las consecuencias o camina cargado de certezas.

 

enRÉDate conmigo.

 

Los moribundos hablan de lo que les faltó por vivir, no de lo que hicieron mal o bien.

Los ancianos hablan de haber sido más fieles a sus sentimientos, se arrepienten de haber hecho lo que los demás esperaban que hicieran, dejando en un segundo plano qué es lo que ellos quisieron hacer.

 

¿Y si construimos una red de personas en las que podamos caer sin miedo?

¿Y si identificamos esas almas compañeras de viaje que siempre sabrán cómo abrazarnos al caer?

¿Y si combatimos nuestros miedos con esas personas a las que siempre volvemos, porque saben a besos cálidos y a hogar?

¿Y si somos la red de quienes nos necesitan?

¿Y si la vida tuviera red...? seguramente, sería mucho más aburrida.

Mejor tejer una red entre todos.

 

¿me compartes?

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